Luz/oscuridad y psicología
El perfil psicológico de un individuo depende de múltiples factores -genéticos, educación, entorno familiar, experiencias de vida, por citar algunos-. Y sobre ese perfil, el ciclo luz-oscuridad ejerce su influencia.
Un experimento ilustrativo
La glándula Pineal (o epífisis, situada delante y arriba del cerebelo) es la receptora de los estímulos lumínicos, y la melatonina (llamada "hormona del sueño") que produce, secretada especialmente en la oscuridad, es la promotora de grandes cambios orgánicos en dicha circunstancia, y en los períodos de descanso. Hace algunas décadas, una experiencia evidenció la importante función de esta glándula, cuando un voluntario aceptó permanecer en una cámara de privación sensitiva. Se trató de un aislamiento total, en el que, mediante diversos dispositivos, se mantuvo al individuo sin estímulos de ninguna índole (sin percepción visual, ni auditiva, ni táctil). Luego de horas de estar aislado y con los ojos cubiertos, el sujeto se tornó más susceptible a la persuasión; demostró tener más inestabilidad emocional, mayor dificultad de concentración y hasta podría haber presentado alucinaciones. Esta experiencia se correlacionó con las derivadas de los astronautas en sus viajes espaciales.
Resultados
La falta de descanso influye en la psiquis, lo que demostró Williams Dement, en 1960, cuando realizó una experiencia sobre la privación del sueño. Esta consistió en dejar dormir a un individuo y despertarlo cada vez que comenzaba a soñar, tomando como referencia el movimiento ocular rápido y registrando los cambios en el electroencefalograma. Los resultados demostraron un aumento de la ansiedad, agitación, irritabilidad y dificultad para la concentración. Dement interpretó estos hechos como que era necesaria cierta cantidad de sueños, la cual, si no es saciada, produce síntomas psiquiátricos. De allí que el sueño sea un proceso fisiológico relacionado fundamentalmente con otros ritmos orgánicos. Estas conclusiones fueron corroboradas con aparatos y métodos como la polisomnografía; el instrumental se conecta al paciente, y, mientras éste duerme es capaz de realizar, por ejemplo, trazado electroencefalográfico, monitoreo cardíaco, medición de frecuencia cardíaca y respiratoria, pulso, entre otros, y es útil para el estudio de trastornos como la apnea (interrupción respiratoria ) del sueño.
Durante las horas de supuesto descanso se pueden producir otras alteraciones, rotuladas como "trastornos del sueño" o "parasomnias", por ejemplo: calambres musculares nocturnos, enuresis (orinarse en la cama), vértigos, soliloquio (hablar estando dormido) y sonambulismo (levantarse y caminar dormido). Todos ellos suelen considerarse como cuasi-naturales en diferentes etapas de la infancia, y pueden ser un barómetro de la agitación y la tensión familiar. No obstante, superada cierta edad, habitualmente se relaciona con trastornos psíquicos. Algo similar ocurre con las pesadillas frecuentes y/o reiterativas, las ilusiones, las alucinaciones y las cataplexias (*), que son, sobre todo, fenómenos nocturnos.
El terror a la oscuridad
Cuentos y leyendas populares, que luego la literatura y el cine se encargaron de difundir mundialmente, emparentaron al terror con la oscuridad de la noche. Es así como surgen las "Noches de Brujas", "Drácula" y el "Hombre lobo" (o "Lobizón"), que atacaban por las noches. Todo esto, que tiene que ver con el folclore de cada región, posee un fundamento real. El hombre, desde siempre, le tuvo miedo a la oscuridad, y por ende, a la noche.
Los niños no tienen tantos preconceptos; sin embargo, la oscuridad representa soledad y se sienten indefensos. Quieren dormir en la cama de los padres; que les relaten cuentos antes de dormir; no pueden conciliar el sueño si les falta el muñeco o juguete preferido (al cual abrazan para sentirse menos solos). Finalmente, ir a la cama se torna toda una ceremonia, y la mayoría de los niños necesita dormir con la luz encendida. Este miedo a la oscuridad tiene relación con su activa imaginación. Sin embargo, aún en el adulto persisten estas fobias: el uno por ciento de la población padece de una versión exagerada de ese temor, el llamado terror nocturno. Esta es una enfermedad vinculada con la fatiga y la ansiedad crónica, y se manifiesta por un pánico injustificado y patológico al llegar la noche. Al respecto, una investigadora ha expresado que "la rutina diaria y la actividad nos impiden pensar en nuestros problemas, pero de noche nos encontramos solos con nosotros mismos, e inevitablemente aparece el miedo".
En tanto, los biólogos estiman que el miedo nocturno se debe al descenso en el nivel de las hormonas que nos permiten afrontar situaciones de peligro, y junto con ellas disminuyen la serotonina y la melatonina.
En el caso de algunos enfermos
Una persona que padece de una enfermedad tiene cierto grado de depresión; con más razón un paciente internado, y en especial si se halla en un servicio de terapia intensiva o en unidad coronaria. En estos lugares de asistencia médica es muy común ver que, llegadas las últimas horas de la tarde, y por las noches, se magnifica un cuadro depresivo que se llama "síndrome del atardecer". Este se caracteriza por situaciones de confusión y desorientación, originadas por la privación sensorial y por la depresión vespertina. En algunas situaciones, el acceso de un familiar directo, o la presencia de una luz suave por la noche, y un sonido a bajo volumen, pueden ser de mucha utilidad.
El efecto del ciclo luz-oscuridad también se ha estudiado en relación con pacientes con patologías neurológicas (Parkinson, Alzheimer, arterioesclerosis).
La luz y sus efectos
La Fototerapia es el tratamiento de ciertas afecciones mediante la administración de la luz, la que se realiza a través de pantallas electrónicas que pretenden engañar a nuestro organismo para modificar artificialmente sus ritmos. La luz regula la secreción de melatonina, manejando niveladores del cansancio y de la actividad. Se cree que con este invento se pueden tratar ciertos desórdenes del sueño, especialmente el insomnio y la fatiga mental. Este aporte lumínico antes de ir a dormir ayuda a conciliar el sueño y lleva a un despertar más temprano, descansado.
Mientras tanto, nuestro reloj biológico seguirá funcionando sin cesar, y la glándula pineal se encargará de que su maquinaria no se detenga. La luz y las sombras se sucederán, tal vez sin saber que rigen nuestras vidas.

(*) especie de asombro o estupefacción que se manifiesta, sobre todo, en los ojos (D.R.A.E.).

Por el Dr. Carlos Aníbal Ruffini, médico y cirujano general; Revista "Ciencia e Investigación", tomo 51, Nro. 3 y 4.
Selección y adaptación: Lic. Enrique A. Rabe -Area de Comunicación Social del Centro Regional de Investigación y Desarrollo de Santa Fe (Ceride), dependiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas /Conicet)-.

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